jueves, 25 de mayo de 2017

La sutileza con que el poder ha conseguido convertir a los hombres en seres pasivos y desganados, sin intereses, meros consumidores de lo que dispone el mercado, también en lo que se refiere a los gustos estéticos, ha convertido cosas como la pasión, la libertad o el conocimiento en meros reclamos publicitarios, terroncitos de azúcar, píldoras que se suministran a la sociedad con admirable vocación universal, como si se tratara de la vacuna contra la viruela. A un precio razonable.

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