jueves, 30 de abril de 2015

Inventario. La mano que se atreva a explorar el bolso que ellas acarrean, como si tal cosa, a todas partes, tropezará, antes o después, con dos o tres capuchas de bolígrafo, un paquete de alcayatas, un mechero con una inscripción indescifrable, cartas de amor casi ilegibles, un llavero en forma de pájaro tropical, botones de varios tamaños, el aroma del mar, un estuche para la manicura, fotografías absortas en el tiempo, las iniciales en carne viva de un pañuelo, las canicas de un sobrino, la tapadera de una trampa, algunas monedas del último viaje a Portugal, el envoltorio de un caramelo, un búho de oro en miniatura, una libreta llena de secretos, la música de un fado atrapada en un pespunte, el cerco de una lágrima, una cajita de nácar sin sortija, el rastro de un silencio que ha cumplido diez años, el relincho de un caballo entre la niebla, un sello de correos, una entrada de cine de la fila trece, el verso más triste de Rainer María Rilke, un carrete de hilo, un frasco diminuto de perfume, briznas de tabaco, azucarillos, la canción desesperada, un abanico con las varillas sueltas, el plano casi ilegible del tesoro, el nombre de un paraje desconocido, la luz del faro, el cascabel que nadie se atrevió a ponerle al gato, lápiz de ojos, la dirección de una peluquería en el Barrio Sur de Montevideo, una lima de cartón, un sueño.

miércoles, 29 de abril de 2015

Las cosas que perduran, por humildes que sean, han echado raíces. Qué duro exilio para las que nos dejan. Las que se quedan en casa, ¿nos eligen?

martes, 28 de abril de 2015

lunes, 27 de abril de 2015

Hay que ponerse en la piel del otro para saber quien es, pero el acceso, por lo general, está vedado.

sábado, 25 de abril de 2015

No hace mucho, en pleno invierno, como si hubiera amanecido uno de esos días de claridad luminosa que nos obligan a cerrar los ojos para evitar el fogonazo, el temblor se ha mostrado dentro de mí en su forma más nítida. Como si me naciera en algún lugar remoto de la sangre. No he imaginado, he visto el rostro de todos los humanos que dejaban un beso en las manos, la frente, los pies, la espalda, el sexo, los labios de un ser querido sin saber que era la última vez.

viernes, 24 de abril de 2015

Haber llegado hasta aquí sin moverte del sitio no deja de ser una aventura que sólo los imbéciles pueden creer exenta de peligros.


jueves, 23 de abril de 2015

miércoles, 22 de abril de 2015

Deja siempre un cabo suelto que te permita recobrar la confianza en el último segundo. Nada es definitivo.


martes, 21 de abril de 2015

Cada año, cuando se acerca el verano, entrevistan a gente “importante” acerca de sus aficiones. Casi todos, después de mencionar los deportes que practican –golf, mucho golf últimamente– o su pasión por el senderismo, la jardinería de interiores o el coleccionismo de antigüedades, contesta algo parecido a esto: “también la lectura es uno de mis entretenimientos favoritos”. Lo que para otros es vital, a ellos les distrae.

lunes, 20 de abril de 2015

Cuando alguien nos abandona, cuando nosotros lo hacemos, ¿cuál es el reproche? ¿haber cambiado, no haberlo hecho o no marcar el paso que el ofendido imprime a su propia evolución?

domingo, 19 de abril de 2015

La belleza no tiene que hacer esfuerzos, sobrevive a toda clase de indiferencia o de ceguera.

sábado, 18 de abril de 2015

El paisaje determina alguno de los rasgos que conforman nuestro temperamento. No sólo el que más a menudo nos rodea, también el que un día perdimos. No somos la misma persona cuando llueve que cuando la brisa acaricia los cuerpos tendidos en la arena o cuando el sol resalta la luz que dormía acobardada en los rincones. No me cuesta creer que también el paisaje nos recuerda: un puerto solitario entre la niebla, el portalón desvencijado de una casa, una calle mal iluminada en el barrio más pobre de una ciudad cansada, el verdín en el muro de piedra de un convento, el acero herrumbroso de una fábrica cerrada, un río debajo del balcón donde nos asomamos una tarde, un bosque, la claridad hiriente de un desierto, el caño de una fuente. En los campesinos es notorio, como en los hijos de la mar: lo llevan en la cara.

jueves, 16 de abril de 2015

No le vuelvas la cara. Si no llega a destruirte, es un manantial del que también puede brotar el agua de la vida.

miércoles, 15 de abril de 2015

Sueño que me despierto llorando. Lucho contra el vendaval del olvido, que quiere llevarse todas las imágenes del sueño, como hace siempre, para dejar en el corazón, como una mancha de humedad, ese gas que se propaga: la inmensidad del vacío. Esta vez consigo retener algunos detalles. Miro, con los ojos extraviados de los animales bajo la furia de la tormenta, algunos de los objetos que habitan mi casa, no sé con certeza cuáles, y comprendo de pronto que la causa que provoca mi zozobra es que se derriten, como si la fuerza de mis lágrimas desgastara sus perfiles, como si segregaran una sustancia semejante al yeso húmedo o al sudor. Me trastorna su dolor recién nacido, su esfuerzo por sentir. Cierro los ojos y me asalta una duda que se ha vuelto parte de la familia: ¿pueden humanizarse las cosas hasta el punto de que el estremecimiento de la muerte las alcance?, ¿es su desgaste imperceptible, del que soy consciente desde que no levantaba dos palmos del suelo, lo que me hiere?, ¿o todo es producto de una alucinación, una ceguera súbita de la mirada del soñador? Tomo entre mis manos la taza de café y el calor que, casi de inmediato, me transmite, es el latido de la vida, el aire ligero después de varios días de lluvia pertinaz, una caricia, una herida que se cierra. Estas caídas en el abismo son el pan de cada día, pequeños movimientos sísmicos mediante los cuales busca la soledad asentamiento.

lunes, 13 de abril de 2015

Recuerdo unas pocas horas alrededor de un cuerpo como quien hace memoria de una larga vida inolvidable.


domingo, 12 de abril de 2015

Quien busca el halago por encima de cualquier cosa empaña, si la tiene, la claridad de su mensaje.

sábado, 11 de abril de 2015

viernes, 10 de abril de 2015

Duermo con los ojos abiertos. Durante instantes cuya duración no sé medir, desconozco el lecho sobre el que mi cuerpo persigue la inconsciencia. Sé que hace frío. Sé que el mundo está lleno de gentes que, aunque vivan muy lejos de aquí, ocupan exactamente este mismo lugar. Oigo su respiración, el aliento casi sólido de los que no pueden dormir. Sé que están solos. El aullido prolongado de los lobos me despierta. Toco mi corazón con la yema de los dedos hasta que recupera su ritmo habitual. Veo entonces el sombrero de paja que cuelga de una alcayata en la pared de en frente, a los pies de mi cama. Veo la espalda encorvada de una sombra: la estela de las últimas horas que viví ayer, difíciles, interminables, sin gente, sin caminos. Me levanto a beber agua con la esperanza de haber vuelto sin daño de esa salida que no sé si llamar paseo, escapada o pesadilla.

jueves, 9 de abril de 2015

Esta mañana, cuando hacía limpieza, he encontrado mi cuerpo acurrucado en un rincón, como un pájaro convaleciente e inmóvil.

miércoles, 8 de abril de 2015

Sin ritmo, sin melodía, las palabras son golpes al azar, barrenos en mitad de la noche, pedradas contra la tapia.

martes, 7 de abril de 2015

La alegría que aparece sin motivo es una prueba de la arbitrariedad de la vida y de su permanente misterio. Lo mismo ocurre con los sentimientos sombríos que súbitamente nos encogen el alma. Como el hombre es un animal que necesita certidumbres, tendemos a creer (a vivir, al menos, como si lo creyéramos) que entendemos los resortes de la vida, que dirigimos nuestros actos. La realidad, sin embargo, es movediza: la vida mueve los hilos de nuestro destino de marionetas, nos trae y nos lleva como barcas en la tormenta. Un cambio superficial en nuestro entorno trastoca la calma chicha de nuestro comportamiento, nos inflama de esperanzas o nos asusta. Nos gustaría tanto creer que decidimos cada uno de nuestros pasos. En la sinceridad de nuestro corazón, sin embargo, no podemos dejar de sentir que un viento desconocido nos zarandea, nos levanta del suelo y nos empuja. Sólo cuando nos deja tranquilos y notamos de nuevo la tierra bajo los pies damos prolijas explicaciones de por qué hicimos o dejamos de hacer aquello. Reconocer la orfandad natural de cada uno de nuestros gestos, la transitoriedad de nuestras convicciones, el carácter fugaz de las emociones y los hechos de nuestra vida, saber eso y no venirse abajo es un ejercicio de humildad, un reconocimiento de la insignificancia de nuestra voluntad que puede llegar a proporcionar, por el camino menos esperado, la paz que todos anhelamos.

lunes, 6 de abril de 2015

No abones la tierra de la que ya no puede brotar el fruto que esperabas. Déjala descansar. Quizá un día te sorprenda su fertilidad.

domingo, 5 de abril de 2015

Defiéndete con uñas y dientes de los proyectos que se empeña en alimentar tu corazón. Cúmplelos.

sábado, 4 de abril de 2015

Las manos se despeñan como pájaros heridos al desprenderse de una espalda. Muchos años después, el roce inesperado de un recuerdo abre la cicatriz por la que brota un líquido que ya no es sangre.


viernes, 3 de abril de 2015

No puedo dar la espalda a dos o tres luceros que me guían desde la juventud. Han hecho cauce en mi carne. Parece poco, dos o tres, pero sostienen el edificio de una vida.

miércoles, 1 de abril de 2015