Bailan las hojas en el aire, cuando caen, para juntarse una vez más sobre la tierra. Como si necesitaran arroparse unas a otras para darse calor. Parecen las mismas cada año, y no lo son. Los ojos que se abisman en la contemplación del espectáculo tampoco son los que miraron por primera la belleza de aquella danza que vuelve cada año a conmovernos. ¿Se agrupan en el barro las miradas perdidas para matar el frío del olvido? ¿Se llegan a ver unas a otras por encima del tiempo, más allá de la niebla de los años?