jueves, 1 de febrero de 2018

Volver a la Estación del Norte para embarcarse en el tren expreso es imposible, pero no su recuerdo. El hollín de los túneles impregna todavía la frente despejada de los niños y resuena en las venas, con la tenacidad sin trampa de los sueños, el traqueteo que anunciaba la libertad y no cesaba hasta llegar al mar de la alegría, que nos lanzaba sus olas como un padre los brazos al volver del colegio. Creo que todos seguimos contemplando, en el silencio de la noche, cuando cerramos los ojos, ese paisaje, seguros de que siempre nos concede el feliz armisticio del regreso.