jueves, 8 de febrero de 2018

El extraño vuelo comienza en el acantilado, donde el vértigo se convierte en pájaro. Cesa por un instante que parece eterno el aroma conocido de las cosas, nada es lo que hasta ahora ha sido, caen las máscaras de la simulación, se funden mar y cielo en un velo de seda que la mirada traspasa con verdadero asombro. También la música germina en lo que nace, vibra en las alas que rozan ya la blancura temblorosa de las nubes. Todo calla. No hay paisaje ni tiempo, se va creando el nuevo territorio a medida que el pájaro desnuda lo que mira, bebe en el río, asciende, cambia de rumbo o se detiene. En el aire, despidiéndome, sé que nada puede mancillar el vuelo, cubrir de cieno la virginidad de la mirada.