El
extraño vuelo comienza en el acantilado, donde el vértigo se
convierte en pájaro. Cesa por un instante que parece eterno el aroma
conocido de las cosas, nada es lo que hasta ahora ha sido, caen las
máscaras de la simulación, se funden mar y cielo en un velo de seda
que la mirada traspasa con verdadero asombro. También la música
germina en lo que nace, vibra en las alas que rozan ya la blancura
temblorosa de las nubes. Todo calla. No hay paisaje ni tiempo, se va
creando el nuevo territorio a medida que el pájaro desnuda lo que
mira, bebe en el río, asciende, cambia de rumbo o se detiene. En el
aire, despidiéndome, sé que nada puede mancillar el vuelo, cubrir
de cieno la virginidad de la mirada.