Como
no consideran suficiente que no podamos gastar, no tienen reparo
alguno en amenazarnos, sin disimulo y por las bravas: si queréis
llegar a viejos sin caer en la indigencia, tendréis que ahorrar.
Cabe imaginar que lo inmediato será una invitación, sin sutilezas
innecesarias, al suicidio colectivo.