Lo que escribimos de viejos es mucho menos importante que el hecho mismo de hacerlo. Porque ya no es posible ignorar que estamos jugando la prórroga con la conciencia plena de que perderemos la partida.
Cuadernos de Ulpiano Ros
domingo, 12 de abril de 2026
sábado, 11 de abril de 2026
martes, 7 de abril de 2026
domingo, 5 de abril de 2026
jueves, 2 de abril de 2026
miércoles, 1 de abril de 2026
martes, 31 de marzo de 2026
sábado, 28 de marzo de 2026
viernes, 27 de marzo de 2026
jueves, 26 de marzo de 2026
Qué libres, a veces, las palabras. Cualquier mañana, sin venir a cuento, se echan a volar, se ocultan y bailan en las olas como pañuelos a la deriva hasta que se pierden en el horizonte. Entonces se queda uno como huérfano y no sabe en qué silencios calentar el corazón, dónde mirar, qué hacer con la intemperie de las manos. A veces tardan en volver, desde luego algo cambiadas, con algunas señales y casi cicatrices de todo lo vivido en el viaje, pero reconocibles. Hay que darles cobijo durante un tiempo hasta que por sí mismas recuperan las ganas de jugar, su inextricable encaje de bolillos, su íntimo juego de titanes disputándose el espacio ―hoy por ti, mañana por mí―, su milagrosa capacidad de combinarse hasta dar con el prodigio que nos abre siempre una sonrisa de asombro que acaba por dejarnos con la boca abierta.