Que el hecho de competir, en cualquier ámbito, se haya convertido en el sueño cumplido de la mayoría, es el síntoma más claro de que navegamos a la deriva.
Cuadernos de Ulpiano Ros
sábado, 28 de marzo de 2026
viernes, 27 de marzo de 2026
jueves, 26 de marzo de 2026
Qué libres, a veces, las palabras. Cualquier mañana, sin venir a cuento, se echan a volar, se ocultan y bailan en las olas como pañuelos a la deriva hasta que se pierden en el horizonte. Entonces se queda uno como huérfano y no sabe en qué silencios calentar el corazón, dónde mirar, qué hacer con la intemperie de las manos. A veces tardan en volver, desde luego algo cambiadas, con algunas señales y casi cicatrices de todo lo vivido en el viaje, pero reconocibles. Hay que darles cobijo durante un tiempo hasta que por sí mismas recuperan las ganas de jugar, su inextricable encaje de bolillos, su íntimo juego de titanes disputándose el espacio ―hoy por ti, mañana por mí―, su milagrosa capacidad de combinarse hasta dar con el prodigio que nos abre siempre una sonrisa de asombro que acaba por dejarnos con la boca abierta.
miércoles, 25 de marzo de 2026
lunes, 23 de marzo de 2026
domingo, 22 de marzo de 2026
sábado, 21 de marzo de 2026
miércoles, 18 de marzo de 2026
martes, 17 de marzo de 2026
sábado, 14 de marzo de 2026
viernes, 13 de marzo de 2026
jueves, 12 de marzo de 2026
miércoles, 11 de marzo de 2026
domingo, 8 de marzo de 2026
viernes, 6 de marzo de 2026
jueves, 5 de marzo de 2026
sábado, 28 de febrero de 2026
jueves, 26 de febrero de 2026
miércoles, 25 de febrero de 2026
martes, 24 de febrero de 2026
domingo, 22 de febrero de 2026
miércoles, 18 de febrero de 2026
lunes, 16 de febrero de 2026
domingo, 15 de febrero de 2026
viernes, 13 de febrero de 2026
Qué paradoja tan sutil comprobar en carne propia que cuando más lentamente nos movemos más cerca estamos del final. Se nota en todo: cuesta lo suyo abrir el bote de la mermelada o cualquier lata de conservas, el equilibrio ya siempre es inestable, agacharse es una aventura de la que cuesta volver, mejor no hablar de los dolores que se instalan aquí y allá con la intención de quedarse, el olvido es como una herramienta que aparece y desaparece encima de cualquier mesa, ni se te ocurra subirte a una banqueta, conviene buscar algún punto de apoyo suplementario a la hora de vestirse o desnudarse, se tarda más en entender algunas cosas, se van perdiendo nombres, fechas, lugares y rostros de personas, no se retiene bien lo que se lee. Pero se mantiene incólume una idea contumaz: no dejes de hacer lo que te identifica como persona, sea lo que sea, defiende tu parcela de verdad, cumple contigo mismo y ríete mientras puedas de todas esas desagradables limitaciones.