Me conmueve que también la muerte sea femenina. Como la pena, la angustia, la alegría, la buena o la mala suerte. La lágrima y la risa. La soledad, la cama, la sábana, la calma, la almohada, la ternura. La tierra. La música, la luz y la palabra. Y estas otras rebeldes, indomables, que no se dejan dominar por el artículo: el agua que se aquieta o se enfurece, el águila en las alturas, el alma inabarcable.