viernes, 9 de febrero de 2018

Si vivimos con los ojos bien abiertos y miramos de frente la verdad de las cosas, podemos llegar a entender sin dramatismos la muerte de lo que nos rodea y a reconocer la propia como algo natural. Sólo la muerte de los niños nos desarma, sólo ante ese escándalo el alma se rebela sin admitir la componenda de las explicaciones.