lunes, 3 de diciembre de 2018

Otra vez el asombro ante las cosas que nunca se mueven del lugar que les ha sido asignado. El corazón en el pecho, la montaña imperturbable frente a la galería. ¿Qué percepción de la existencia puede tener lo que está siempre en el mismo sitio? Ser, por ejemplo, aquella roca desde la que nos lanzábamos al mar. Tener conciencia, entre el vértigo y la bruma, de la inmortalidad de esa clase de existencia.