sábado, 29 de diciembre de 2018

La noche es la hora de la verdad. Las defensas camufladas que a duras penas hemos conseguido levantar durante el día quedan al descubierto y ya no sirven para protegernos. Quedamos a la intemperie, a solas con nosotros mismos. El cerebro se esfuerza en la evocación de lugares, situaciones y personas que tal vez en algún momento nos hicieron felices, pero el fantasma del miedo se ríe a carcajadas, asoma su cabezota bajo el edredón y destila su magma pestilente de amenazas. Inconcretas y sutiles. En cascada. Cerramos los ojos y nos disponemos, una vez más, a hacer la travesía.