La
soledad es un tramo del camino. Si la mente permanece clara y el
corazón es libre mientras lo atravesamos, no es un castigo ni una
celda oscura a la que estemos condenados de por vida. De hecho,
también puede ser una elección. Todos la conocemos antes o después.
Cuando más duele, precisamente, es cuando creemos o aparentamos que
no estamos solos.