Escribiré
la palabra con la clandestinidad y el temblor que los tiempos exigen:
bondad. Como quien enciende una vela. Con cautela. Para que no se
pierda su significado. Porque se echa de menos no sólo en la
actuación de las gentes, sino en la voluntad, en el deseo puro que a
nada compromete. Resulta chocante llegar a escribir algo así, pero
los tiempos son los tiempos: la bondad, salvo que se practique en la
más estricta intimidad y lo más lejos posible, es un estorbo para
los dueños del mundo. Si alguien decide ponerla en práctica en su
vida diaria, sospecharán que esconde oscuras e inconfesables
intenciones.