lunes, 29 de enero de 2018

Escribiré la palabra con la clandestinidad y el temblor que los tiempos exigen: bondad. Como quien enciende una vela. Con cautela. Para que no se pierda su significado. Porque se echa de menos no sólo en la actuación de las gentes, sino en la voluntad, en el deseo puro que a nada compromete. Resulta chocante llegar a escribir algo así, pero los tiempos son los tiempos: la bondad, salvo que se practique en la más estricta intimidad y lo más lejos posible, es un estorbo para los dueños del mundo. Si alguien decide ponerla en práctica en su vida diaria, sospecharán que esconde oscuras e inconfesables intenciones.