lunes, 2 de octubre de 2017

La esencia de las conversaciones que tienen lugar en este tiempo, si es que todavía se puede llamar así a la manera que tenemos de comunicarnos, está en los gritos. Ni siquiera por debajo de las voces, sino en el hecho mismo de gritar. Que representa, literalmente, la explosión que generan las palabras cuando chocan entre sí. No se habla para tender un puente que nos lleve hasta el otro, sino para levantar una barricada. No para entenderlo, sino para desarmarlo.