Cumplido
el tiempo de indagar en el origen de la luz, al fin conforme con la
entrega sin límites que le debes a aquel asombro, ha llegado el
momento de escarbar en la arena del pasado, desenterrar la piedra,
acariciarla con la yema de los dedos y celebrar los dones. La vida ha
sido ese destello contra el que nada puede el acecho de los jinetes
de la muerte: el tiempo, el desamor o la costumbre.