Descubrir
en el rostro de quien nos esta mirando, sin margen de error,
expresiones que creíamos propias, produce vértigo (¿cómo es
posible?) e ilusión (¿o sea, que es posible?). Podría decirse que
la conciencia de ese descubrimiento cambia la realidad, establece un
vínculo que ya nada podrá deshacer por completo. El mundo, ese
pequeño mundo que lo es todo, es también otro a partir de entonces.