jueves, 10 de mayo de 2018

He visto a Sísifo en un recodo del camino. Hacía garabatos con un palo en la tierra, como si anduviera concentrado en resolver algún remoto enigma. Levanta la vista cuando paso, despacio, hacia la cima. No hace la más mínima intención de levantarse. Sigo ascendiendo y pienso: está cansado. Cuando vengo de vuelta, mucho más ligero sin el pedrusco a la espalda, no queda rastro de él. Alguien ha removido la tierra para que no se vea el dibujo.