He
visto a Sísifo en un recodo del camino. Hacía garabatos con un palo
en la tierra, como si anduviera concentrado en resolver algún remoto
enigma. Levanta la vista cuando paso, despacio, hacia la cima. No
hace la más mínima intención de levantarse. Sigo ascendiendo y
pienso: está cansado. Cuando vengo de vuelta, mucho más ligero sin
el pedrusco a la espalda, no queda rastro de él. Alguien ha removido
la tierra para que no se vea el dibujo.