viernes, 11 de mayo de 2018

Escribir es un acto furtivo. Se percibe sobre todo en la actitud del cuerpo, que se encorva sobre el papel como hacíamos cuando éramos niños para ocultar a los otros lo que hacíamos. Son necesarios el silencio y la soledad. Nos volcamos en el oscuro mar de las palabras, inabarcable en sí mismo, como si aspiráramos al desvelamiento de un secreto que nos perteneciera en exclusiva. Hasta que nos damos cuenta de que sólo brilla de verdad cuando lo leen otros. Escribimos alejados de la playa para acercarnos a ella.