jueves, 7 de diciembre de 2017

Que la vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos lo comprueba cualquiera sentándose a verla pasar en un banco del parque, en una plaza de piedra, en el balcón de casa. Lo difícil es darse cuenta de que esa vez es la propia vida la que se tambalea y no volverle la cara.