sábado, 23 de diciembre de 2017

Hay "intelectuales" de postín (de carabina en ristre, parece) que propugnan la desaparición de las lenguas minoritarias. Como si tal cosa. Dizque en beneficio de la comunicación universal, el intercambio comercial y el pragmatismo. Qué tiempos. Ya puestos, se me ocurre que también cabría derribar las catedrales (pedras bellas), anegar los caminos de montaña que sólo sirven ya para el disfrute de gente ociosa, proscribir los campos de amapolas, penalizar como es debido la práctica de la poesía (una vez demostrada su inutilidad contumaz), prohibir por gravosas las enfermedades crónicas, os soños, as corredoiras, os regatos pequenos... Todo lo que no sangre, lo que no sea rentable, lo que no pueda venderse. Mellor aínda: váiase ó carallo (e que non volva) o homo sapiens.