Hay
"intelectuales" de postín (de carabina en ristre, parece)
que propugnan la desaparición de las lenguas minoritarias. Como si
tal cosa. Dizque en beneficio de la comunicación universal, el
intercambio comercial y el pragmatismo. Qué tiempos. Ya puestos, se
me ocurre que también cabría derribar las catedrales (pedras
bellas),
anegar los caminos de montaña que sólo sirven ya para el disfrute
de gente ociosa, proscribir los campos de amapolas, penalizar como es
debido la práctica de la poesía (una vez demostrada su inutilidad
contumaz), prohibir por gravosas las enfermedades crónicas, os
soños, as corredoiras, os regatos pequenos... Todo
lo que no sangre, lo que no sea rentable, lo que no pueda venderse.
Mellor aínda: váiase ó carallo (e que non volva) o
homo sapiens.