No
dejas de pensar con infinita piedad en los millones de personas que
quizá llevan en su interior una verdad maravillosa, una palabra, una
sensibilidad para la belleza o la justicia que la esclavitud a la
que viven sometidos no deja aflorar nunca. Quizá
los mendigos, la mayoría de los niños y los locos sean el último
símbolo que mantiene en pie, dentro de ti, esa creencia. Pueden
sentirse desgraciados, y lo serán tal vez como nosotros a menudo,
pero se salen de la vía, felizmente descarriados de ese tren que
no se dirige a parte alguna.