El
silencio es un cofre sin fondo donde cabe la inmensidad del mundo.
Nunca se colma del todo a pesar de contener el tesoro de un montón
de palabras. Conviene abrirlo de vez en cuando para que se echen a
volar en libertad en busca de su destino. Las palabras serpentean,
avanzan, se dirigen al corazón, respiran. La distancia, que puede
parecernos insalvable, sólo es el camino que debemos recorrer si
queremos, de verdad, llegar a puerto. No existen murallas que la
voluntad no pueda derribar.