ENTRE las amapolas, quieto, espera su tiempo el guijarro más humilde. Su belleza, salta a la vista, es menos llamativa, pero sabe esperar la mano que misteriosamente lo distinga y lo elija para llevarlo a casa. A ocupar su lugar definitivo en un rincón cualquiera, junto al silencio de otras cosas que también llegaron por azar a instalarse en la vida de quien ahora las cuida como una parte importante de sí mismo.