lunes, 29 de julio de 2019

Soy el niño que juega en la huerta con el rastro de los caracoles. Soy el que espera a que aparezcan en la mesa de piedra, bajo la parra hinchada. Nunca dejábamos madurar las uvas. Esa secuencia íntima tantas veces repetida el sendero de tierra, la balaustrada de granito, el nogal de los abrazos, la casa de las palomas y el aroma del naranjo nutre mi vida cotidiana. La lluvia era testigo.