Esta noche el corazón ha
sentido una conformidad inédita al dar por terminado el poema de los
últimos días. Las hojas de la acacia, frente a mi balcón, se mecen
con suavidad para hacerme llegar, por leve que sea, la caricia del
aire. El mundo, por una vez, le cierra el paso a los peligros, oculta
las amenazas, es amable. Salgo a su encuentro en paz. Por una vez.