jueves, 7 de febrero de 2019

Los ruidos llegan amortiguados a la conciencia y apenas nos afectan, quizá porque nos sentimos extraordinariamente cansados. ¿Hemos perdido la curiosidad o es que de pronto estamos atentos a ese otro murmullo interior que martillea allá dentro como un reguero de agua? Tampoco las palabras nos sirven de mucho en momentos así, cuando nos limitamos a escuchar porque sabemos que lo que está ocurriendo no necesita ser dicho. Permanecemos a la espera. Hace tiempo que las noches son demasiado largas. También eso lo aceptamos con naturalidad. Descansar, solamente descansar. Con la primera luz, la algarabía de los pájaros en el jardín de enfrente nos hace sonreír. Ya estáis aquí, murmuramos. Nada ha cambiado. Nos inclinamos ante el poema que nace, una vez más, abierto a todas las posibilidades.