Cada vez llega más tarde la hora de dormir, como si temiera no reconocer, al levantarme, el perfil de los pequeños juguetes que hacen su vida rutinaria entre los libros, como si no quisiera despedirme del día sin haberle robado una gota de luz o una palabra o sin haberle agradecido simplemente su buena voluntad de transcurrir una vez más sin hacer daño. Cada vez más difícil, también, recuperar las ganas de salir a las calles a buscar las huellas que me traen cada noche, fatigado y alegre, hasta el umbral amable de la casa. Como si fuera bastante con esta música de fondo. Como si aquí, tan cerca, tan adentro, aunque invisible, lo tuviera todo.