domingo, 19 de abril de 2020

Cuando se nos va un ser querido —porque es lo natural, según el dicho–, la vida continúa. Así ha de ser, sin duda, pero una parte de nosotros se queda atrapada en los últimas imágenes la voz, el silencio, la mirada, la sonrisa que conservamos de él. La vida sigue, sí, y siempre nos arrastra, pero en lo sustancial la seguimos a un ritmo diferente. Porque ya no vamos solos.