martes, 15 de enero de 2019

Lo peor del optimismo sin fisuras de que algunos hacen gala no es el dogmatismo irracional en que se basa, sino su afán insufrible de endilgárselo, como si fuera un virus, a todo el mundo. Hay que decírselo, aunque sea muy bajito: disfruta de la vida cuanto puedas, no te pierdas una fiesta, sigue tu camino y, sobre todo, te lo ruego, déjame en paz. De los pesimistas irredentos ya se libra uno solo.