miércoles, 9 de enero de 2019

Cuando mi sola compañía resulta insuficiente, salgo a mezclarme con la multitud hasta que encuentro dos o tres rostros en los que recupero una pequeña parte de mí que se había como desvanecido. Se trata de matices casi imperceptibles, gestos fugaces, hilachas que debo rehacer a base de pespuntes. Los miro intensamente y vuelvo a casa con el alma casi completa.