HAY días con vocación de noche desde el primer momento. No siempre son los peores.
domingo, 20 de abril de 2025
sábado, 19 de abril de 2025
ME he sentado a escribir con la conciencia de que es imposible llegar al corazón de la vida. Esta vez no he tenido miedo, sólo un vértigo gozoso. Basta sentir, fugaz, como un relámpago, el roce de una mano tendida, la resonancia íntima de una verdad que no se puede pronunciar, la premonición de una belleza que no necesita concretarse. Anterior a sí misma, sin límites visibles. La noche me sorprende con las manos vacías y la tarea felizmente cumplida.
jueves, 17 de abril de 2025
ENTRE las amapolas, quieto, espera su tiempo el guijarro más humilde. Su belleza, salta a la vista, es menos llamativa, pero sabe esperar la mano que misteriosamente lo distinga y lo elija para llevarlo a casa. A ocupar su lugar definitivo en un rincón cualquiera, junto al silencio de otras cosas que también llegaron por azar a instalarse en la vida de quien ahora las cuida como una parte importante de sí mismo.
miércoles, 16 de abril de 2025
domingo, 13 de abril de 2025
domingo, 6 de abril de 2025
jueves, 3 de abril de 2025
miércoles, 2 de abril de 2025
martes, 1 de abril de 2025
lunes, 31 de marzo de 2025
domingo, 30 de marzo de 2025
sábado, 29 de marzo de 2025
jueves, 27 de marzo de 2025
domingo, 23 de marzo de 2025
sábado, 22 de marzo de 2025
miércoles, 19 de marzo de 2025
martes, 18 de marzo de 2025
domingo, 16 de marzo de 2025
QUÉ será de este lápiz, Igor Barreto, con el que escribo después de leer tu poema sobre el lápiz. Yo también tengo un ramillete de lápices al alcance de la mano, los veo menguar con lentitud, como los días que ahora pasan, en apariencia, sin dejar rastro. Y me alegra la tarde estar de acuerdo: podría decirnos tanto cada uno de ellos. Se van haciendo más pequeños, alguno se pierde por ahí, bajo las patas del sofá o condenado al ostracismo en el fondo de una bolsa de viaje, pero nada los dobla. Puede uno quebrarlos en un arranque de ira, pero no agachan la cabeza, su orgullo permanece intacto. Acuden luego al mordisco del sacapuntas, divididos, y cambian tal vez de domicilio: del bote negro de los nuevos a la cajita de latón de los que casi han completado su camino, donde meditan si todavía tienen algo que contar. Tienes razón: su vida puede compararse con la vida de un hombre.