martes, 8 de noviembre de 2022

¿Y si hoy es la tarde aquella en la que no te atrevías a soñar? La has visto llegar con la parsimonia del peregrino que se va acercando a la posada que le dará cobijo, atento sólo a la administración cuidadosa de sus últimos gramos de energía. La luz ha aparecido también con precaución, como desperezándose, como el primer lamento de un violín, hasta el lomo cansado de los libros. En ese instante has sentido la placidez de una plenitud que ni siquiera admite el merodeo de las palabras que podrían explicarlo. Y te dejas mecer en el silencio como un pato en el agua, conforme al fin con el deslumbramiento humilde de la vida.