ANTES de la muerte de todo lo que vemos morir, la belleza se manifiesta, si cabe, más desnuda.
lunes, 27 de enero de 2025
domingo, 26 de enero de 2025
sábado, 25 de enero de 2025
martes, 21 de enero de 2025
lunes, 20 de enero de 2025
sábado, 18 de enero de 2025
viernes, 17 de enero de 2025
jueves, 16 de enero de 2025
miércoles, 15 de enero de 2025
lunes, 13 de enero de 2025
viernes, 10 de enero de 2025
jueves, 9 de enero de 2025
miércoles, 8 de enero de 2025
martes, 7 de enero de 2025
lunes, 6 de enero de 2025
domingo, 5 de enero de 2025
Los niños juegan sin conciencia clara de lo que hacen. Como sopla el viento, como cantan los ruiseñores. Sólo se detienen cuando se caen del patinete, cuando se les escapa una canica por la alcantarilla, cuando se atasca la cometa entre las ramas de un roble. Se asustan o se enrabietan un momento, y luego siguen a lo suyo sin necesidad de hacer preguntas. Porque los niños no preguntan, miran y absorben lo que miran con sus ojos de agua.
sábado, 4 de enero de 2025
viernes, 3 de enero de 2025
Me imagino el pánico de ese primer momento en que alguien se da cuenta de que ha olvidado ―quiero decir, para siempre― las dos o tres primeras palabras. Es indiferente que nos parezcan triviales. Lo que viene después es una pared sin una sola mancha, un desierto, una oscuridad sin referencias. Todos vamos a subir a ese caballo.
jueves, 2 de enero de 2025
miércoles, 1 de enero de 2025
martes, 31 de diciembre de 2024
sábado, 28 de diciembre de 2024
jueves, 26 de diciembre de 2024
martes, 24 de diciembre de 2024
lunes, 23 de diciembre de 2024
domingo, 22 de diciembre de 2024
viernes, 20 de diciembre de 2024
Setenta y muchos ya y acabas de llegar a tu destino, como quien da la luz para afrontar el día. Cuesta creer, más que el camino, haber alcanzado esta revuelta. No hay trampa ni cartón. Se anuncia el deterioro en cada paso y el alma sigue en pie, atenta siempre a cada ráfaga de viento, a la hierba que crece en las cunetas, al latido del sol, a los misterios que cada tanto afloran detrás de las miradas, a los cuadernos en que la gente anota lo que pierde, lo que ya casi olvida o lo que espera —¡todavía!— del resto de su vida. Se deja atrás a ratos, se demora en las honduras como un niño abstraído en el abismo del mar, se confunde de camino y vuelve sobre sus pasos sin rendirse ni perder la conciencia del dolor. Dispuesta siempre a renovar los sueños y seguir. Como las aguas de los ríos. Como las piedras quietas que perciben también, en la montaña, el roce de los cuchillos, la temblorosa luz de los relámpagos, la caricia del aire, la lluvia de la infancia que se lleva, como siempre, la ganga de la vida, el barro sucio, y nos devuelve, intactos, relucientes, los sueños que no mueren, los primeros, los que nunca se olvidan.