La luz de la madrugada restaña las heridas.
viernes, 27 de diciembre de 2024
jueves, 26 de diciembre de 2024
martes, 24 de diciembre de 2024
lunes, 23 de diciembre de 2024
domingo, 22 de diciembre de 2024
viernes, 20 de diciembre de 2024
Setenta y muchos ya y acabas de llegar a tu destino, como quien da la luz para afrontar el día. Cuesta creer, más que el camino, haber alcanzado esta revuelta. No hay trampa ni cartón. Se anuncia el deterioro en cada paso y el alma sigue en pie, atenta siempre a cada ráfaga de viento, a la hierba que crece en las cunetas, al latido del sol, a los misterios que cada tanto afloran detrás de las miradas, a los cuadernos en que la gente anota lo que pierde, lo que ya casi olvida o lo que espera —¡todavía!— del resto de su vida. Se deja atrás a ratos, se demora en las honduras como un niño abstraído en el abismo del mar, se confunde de camino y vuelve sobre sus pasos sin rendirse ni perder la conciencia del dolor. Dispuesta siempre a renovar los sueños y seguir. Como las aguas de los ríos. Como las piedras quietas que perciben también, en la montaña, el roce de los cuchillos, la temblorosa luz de los relámpagos, la caricia del aire, la lluvia de la infancia que se lleva, como siempre, la ganga de la vida, el barro sucio, y nos devuelve, intactos, relucientes, los sueños que no mueren, los primeros, los que nunca se olvidan.
jueves, 19 de diciembre de 2024
miércoles, 18 de diciembre de 2024
lunes, 16 de diciembre de 2024
domingo, 15 de diciembre de 2024
sábado, 14 de diciembre de 2024
miércoles, 11 de diciembre de 2024
martes, 10 de diciembre de 2024
lunes, 9 de diciembre de 2024
sábado, 7 de diciembre de 2024
viernes, 6 de diciembre de 2024
jueves, 5 de diciembre de 2024
martes, 3 de diciembre de 2024
lunes, 2 de diciembre de 2024
sábado, 30 de noviembre de 2024
viernes, 29 de noviembre de 2024
miércoles, 27 de noviembre de 2024
martes, 26 de noviembre de 2024
lunes, 25 de noviembre de 2024
domingo, 24 de noviembre de 2024
viernes, 22 de noviembre de 2024
jueves, 21 de noviembre de 2024
Mires a donde mires, el ruido crece como una mancha de aceite. Pensar empieza a ser una rareza sospechosa. La humanidad habla y habla al mismo tiempo que se enzarza en una destrucción que no parece tener límites. Todo el mundo a la vez. El mensaje es lo de menos. Quizá por eso germina, allá dentro, en muchos, la vieja tentación del silencio.