domingo, 3 de noviembre de 2019

Una de las cosas más tristes que compartimos los españoles es nuestra concepción del diálogo como una batalla. A sangre y fuego. Utilizamos las palabras como munición para ametrallar al contrario. No hay forma de escapar. Los que hacen el esfuerzo de no participar en el griterío, lo hacen con una tristeza que los partidarios de la confrontación consideran culpable.