La derrota invita a la reflexión meditativa como la victoria al amaneramiento. La primera se recoge en el silencio como la segunda se desbarata en fuegos artificiales. Ninguna de las dos es para siempre.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
martes, 30 de diciembre de 2025
sábado, 27 de diciembre de 2025
viernes, 26 de diciembre de 2025
jueves, 25 de diciembre de 2025
domingo, 21 de diciembre de 2025
sábado, 20 de diciembre de 2025
viernes, 19 de diciembre de 2025
He vuelto a mirar la intimidad del mundo desde el mismo lugar que lo miré de niño, cuando nada sabía del dolor y de la muerte, como si en un imperceptible parpadeo ―lo que viene a ser una vida, más o menos― se cerrara una puerta sin estruendo. Un círculo perfecto. Algunas cosas han cambiado, hay más asfalto en los caminos y algo así como agujeros en el tiempo, se ha desmoronado la casa que todo lo sostenía sin aparente esfuerzo, no se oye el crujido de los pasos en las escaleras que llevaban al refugio secreto, pero el aire es el mismo ―la luz naciente en la ladera del otro lado de la ría, la humedad eterna de las sábanas, la pertinacia a ratos de la lluvia― y se escuchan muy nítidas las voces que guiaban aquellos primeros pasos todavía indecisos de cada uno de nosotros. Está, sobre todo, el mar y su música perenne, como un sueño. Voy y vengo por su orilla con la misma alegría que me emocionaba hace mucho y no puede haber, cómo va a haberla, duda alguna: sus miradas están en todo lo que miro.