martes, 17 de noviembre de 2020

Qué difícil resulta distinguir, en esta época, la búsqueda de la sabiduría del afán de notoriedad. Hay una obsesión casi general, que nadie reconoce, por estar delante, llegar primero, ser más que el otro. Y que todo el mundo lo sepa, claro. En una suerte de competitividad permanente que en el caso del arte resulta sencillamente estúpida. Por suerte, el arte sobrevive a la sinrazón de sus acólitos.