Causa común. Mira la gente que vuelve, en medio del desastre y en un hondo silencio, del viaje cotidiano a su pequeña guerra interminable por el pan y la alegría, cada cual en su quimera sin ver jamás, ni por asomo, la desembocadura, el paraíso perdido. Cada cual un guijarro en el fondo de este río de gente sin destino que viene y va del sueño a la fatiga, de la esperanza al miedo. Acompáñalos. Déjate ir en su caudal. Ten en cuenta cada ola y escucha —porque es también la tuya— la íntima resonancia en el corazón de todos.