El triunfo, en la mayoría de los casos, es un mero producto de la casualidad. En el peor, de la claudicación.
Cuadernos de Ulpiano Ros
jueves, 22 de enero de 2026
miércoles, 21 de enero de 2026
martes, 20 de enero de 2026
lunes, 19 de enero de 2026
martes, 13 de enero de 2026
lunes, 12 de enero de 2026
domingo, 11 de enero de 2026
viernes, 9 de enero de 2026
jueves, 8 de enero de 2026
Hay momentos en que me da por pensar que todos llevamos a cuestas algo así como dos almas, o una sola dividida en dos por una línea finísima e invisible, como si vivieran de espaldas la una de la otra o nunca llegaran a entenderse del todo. Como esas gentes que viven juntas sin saber en realidad nada unos de otros. Dos almas o dos maneras muy diferentes de afrontar el viento que se lo lleva todo por delante un día cualquiera en uno de sus arranques. Dos actitudes frente a las dificultades, las sorpresas, los miedos, los paisajes, todo. No tanto enemigas como extrañas, desconocidas, hablantes de idiomas muy diferentes. Convivo con ambas sin conflictos dignos de mención aunque no siempre les encuentro el punto de enganche, la frontera, el hilo de conexión que sin duda han de tener. Por pura lógica y por toda una larga vida de convivencia. Porque las siento a ambas casi desde el principio. Vienen a ser lo más esencial de mí, son yo, me constituyen, me torturan a ratos, se conmueven juntas a menudo, me salvan, me desorientan y me guían. Hay una tan frágil que si uno se descuida hasta parece ajena, o mejor, recién nacida. No sé si es mucho más pequeña o sólo vive oculta dentro de la otra para esquivar los innumerables peligros que acechan en las hendiduras de cada minuto de la vida de cualquiera. Sé que a veces se resquebraja como una de esas finísimas copas de cristal de una transparencia casi mágica que se utilizan en las celebraciones y luego, claro, tarda lo suyo en reponerse. Cuando sucede, una hostilidad sorda, casi imperceptible, se expande por todas partes y entonces la indefensión, el vértigo y el desamparo son absolutos. La otra, mientras, la mundana, la disfrutona, la que se deja ver, la que se entrega a la alegría y al goce a las primeras de cambio, a veces incluso con cierta ligereza, sigue a lo suyo sin percatarse de ese terremoto interior que lo remueve todo. Es en ese punto exacto donde están más lejos la una de la otra, hasta el punto de que llego a temer que se desgajen con la loca intención de marchar cada una por su lado. A ver entonces qué hago yo . La única respuesta posible ―se aprende con los años― es una resistencia silenciosa. Mirar las huellas que quedaron de otras veces en lo que nos rodea. Cobijarse en un rincón que haya servido antes de refugio, sentir el crecimiento de las raíces, escuchar el roce de las pisadas que se acercan y esperar.
lunes, 5 de enero de 2026
domingo, 4 de enero de 2026
viernes, 2 de enero de 2026
miércoles, 31 de diciembre de 2025
martes, 30 de diciembre de 2025
sábado, 27 de diciembre de 2025
viernes, 26 de diciembre de 2025
jueves, 25 de diciembre de 2025
domingo, 21 de diciembre de 2025
sábado, 20 de diciembre de 2025
viernes, 19 de diciembre de 2025
He vuelto a mirar la intimidad del mundo desde el mismo lugar que lo miré de niño, cuando nada sabía del dolor y de la muerte, como si en un imperceptible parpadeo ―lo que viene a ser una vida, más o menos― se cerrara una puerta sin estruendo. Un círculo perfecto. Algunas cosas han cambiado, hay más asfalto en los caminos y algo así como agujeros en el tiempo, se ha desmoronado la casa que todo lo sostenía sin aparente esfuerzo, no se oye el crujido de los pasos en las escaleras que llevaban al refugio secreto, pero el aire es el mismo ―la luz naciente en la ladera del otro lado de la ría, la humedad eterna de las sábanas, la pertinacia a ratos de la lluvia― y se escuchan muy nítidas las voces que guiaban aquellos primeros pasos todavía indecisos de cada uno de nosotros. Está, sobre todo, el mar y su música perenne, como un sueño. Voy y vengo por su orilla con la misma alegría que me emocionaba hace mucho y no puede haber, cómo va a haberla, duda alguna: sus miradas están en todo lo que miro.