He vuelto a dedicar la tarde a recolectar las migas de pan, las hojas secas, las cáscaras de pipas, las semillas, los fragmentos de belleza casi escondida que he ido acarreando hasta mi rincón ―por si un día me alimentaban― a lo largo de la vida. Lo mismo que el gorrión que va y viene, laborioso, saltarín, para construir su nido.