jueves, 13 de mayo de 2021

Esos a los que la luz les duele como una astilla que se clavara en el alma, los que miran sin parpadear a la belleza aunque conozcan el peligro, los que siguen ardiendo en el invierno, los que reconocen entre la multitud una mirada de pánico, el relámpago de un cuchillo o un gesto de consuelo, los que se alían con el viento sin ofrecerle resistencia, los que escuchan cada latido del silencio, los que no dicen nunca la palabra verdad para no contaminarla, los que saben sonreír acorralados y se reconocen en la lluvia. Los que mantienen el fuego en el fondo de la cueva. A esos, en voz baja, me dirijo.