viernes, 5 de mayo de 2017

La historia es siempre la misma. Lo extraño es que seamos capaces de renovar las esperanzas. El poder sólo exige de los hombres que acepten sus designios, lo que llaman la realidad. Es decir, que adapten sus necesidades a los intereses de quien “les da de comer”. Qué triste tener que reconocer que siempre lo consiguen. Y que la gran mayoría sólo desea que los señores de la casa le abran la puerta un día. Aunque sólo sea para limpiar las caballerizas. No hay figura más patética que la del advenedizo que desprecia sus orígenes.

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