sábado, 13 de mayo de 2017

El mar, el fuego, el desierto, el cielo. En estas cosas sin propietario se manifiesta la belleza en estado puro. No necesitan ningún tipo de maquillaje ni el adorno de la metáfora, aunque parezca a ratos que se amansan. Ni siquiera la compañía, aunque los surquen barcos, sueños, una recua de camellos incansables o las nubes. Cambian de aspecto según sople el viento, pero nunca se marchitan.

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