lunes, 8 de agosto de 2016

Cualquiera puede ser un déspota o un héroe, un criminal o un santo, basta que se den las circunstancias propicias para que cada uno libere lo que lleva dentro. Es posible, incluso, que la terrible versatilidad de los seres humanos dé para ser las dos cosas a la vez: aquel tirano amante de la música, aquel maltratador que se enternece cuando su perro estornuda, aquel filósofo defensor de la pena de muerte.

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